La retinopatía del prematuro es una complicación ocular ligada a la inmadurez de la retina, y entenderla bien cambia mucho la forma de afrontar el ingreso y el alta de un bebé prematuro. Aquí explico qué está pasando en el ojo, qué bebés tienen más riesgo, cómo se organiza el cribado, qué tratamientos se usan y qué seguimiento visual conviene mantener después. Yo me quedo con una idea muy simple: cuando la detección llega a tiempo, el pronóstico mejora de forma clara.
Lo esencial para actuar a tiempo y no perder controles
- El problema suele empezar sin síntomas visibles; por eso el cribado es tan importante.
- El mayor riesgo aparece en bebés más inmaduros y con menor peso al nacer.
- En España, muchos protocolos vigilan sobre todo a los menores de 1.500 g o de 32 semanas.
- El primer fondo de ojo suele hacerse entre la 4.ª y la 5.ª semana de vida, según la edad gestacional.
- El láser sigue siendo un tratamiento clave, y en algunos casos se usan anti-VEGF o cirugía.
- El seguimiento no termina con el alta: miopía, estrabismo y ambliopía pueden aparecer más adelante.
Qué está pasando en la retina del bebé
MedlinePlus la define como un desarrollo anormal de los vasos de la retina en bebés muy prematuros, y esa descripción, aunque técnica, es bastante fiel a lo que ocurre. La retina todavía está madurando cuando el bebé nace antes de tiempo; si ese proceso se interrumpe o se desordena, los vasos pueden crecer de forma insuficiente al principio y, después, de manera anómala. Yo suelo explicarlo así: no es un problema de “ver mal” desde el primer minuto, sino de cómo termina de construirse el sistema visual.
Lo importante es que las formas iniciales suelen no dar señales externas. El ojo puede parecer normal, y aun así estar desarrollando una enfermedad que, si progresa, puede producir cicatrices, tracción de la retina y, en los casos graves, desprendimiento. La clave no es solo detectar, sino hacerlo antes de que aparezca daño estructural. Por eso esta patología pertenece al terreno del cribado neonatal y no al de la observación casual. Con esa base, lo siguiente es saber qué bebés deben vigilarse con más intensidad.
Qué bebés tienen más riesgo y por qué
La prematuridad extrema y el bajo peso son los dos marcadores que más pesan. Cuanto más inmaduro es el bebé, más probable es que la retina no haya completado su vascularización y más necesidad haya de controles estrechos. En la práctica, yo miro tres capas de riesgo: la edad gestacional, el peso al nacer y la estabilidad clínica durante las primeras semanas.
- Edad gestacional baja: los bebés nacidos antes de 32 semanas son los que más suelen entrar en programas de cribado.
- Bajo peso al nacer: el umbral de 1.500 g es uno de los más usados en protocolos españoles.
- Inestabilidad neonatal: apnea, problemas respiratorios, infecciones, transfusiones y fluctuaciones importantes del oxígeno aumentan la vigilancia necesaria.
- Curso clínico complicado: cuanto más frágil está el bebé en la UCIN, más fácil es que la retina reciba un entorno biológico poco favorable.
Además del oxígeno, que hoy se controla con mucha más precisión que hace décadas, hay otros factores que empeoran el contexto: sepsis, alteraciones en la oxigenación, cardiopatías o necesidad de soporte respiratorio prolongado. No todos pesan igual en todos los bebés, pero sí dibujan una idea clara: la retinopatía no depende de un único dato, sino del conjunto de la prematuridad y de la evolución clínica. Con ese mapa de riesgo, el siguiente paso es ordenar bien el cribado.

Cómo se organiza el cribado y cuándo empieza
En muchos hospitales españoles, el cribado se plantea para los bebés de menos de 1.500 g o de menos de 32 semanas de gestación, aunque algunos centros ajustan esos criterios según sus propios resultados y el perfil de pacientes. La AEP insiste en que lo relevante no es memorizar una cifra aislada, sino conocer el circuito concreto del hospital de referencia. Yo siempre recomiendo a las familias pedir ese dato por escrito antes del alta.
| Criterio o momento | Qué suele hacerse | Por qué importa |
|---|---|---|
| Quién entra en cribado | Habitualmente, recién nacidos <1.500 g o <32 semanas | Son los grupos con mayor probabilidad de enfermedad |
| Primer examen | Entre la 4.ª y la 5.ª semana de vida, sin adelantarlo antes de la 30.ª semana postmenstrual | La retina aún puede estar demasiado inmadura antes de ese punto |
| Controles sucesivos | Fondos de ojo seriados hasta que la vascularización se complete o la enfermedad regrese | El cuadro puede cambiar rápido en poco tiempo |
| Técnica habitual | Dilatación pupilar y exploración por oftalmólogo con oftalmoscopio indirecto | Permite ver la periferia de la retina con mucho más detalle |
En algunos hospitales también se apoya el cribado con fotografía retinal o telemedicina, sobre todo cuando faltan especialistas, pero eso no sustituye siempre la exploración presencial. Yo me quedo con una regla práctica: si el bebé sale de la UCIN antes de cerrar el seguimiento, la cita siguiente debe quedar ya asignada y entendida por la familia. Cuando el control muestra un estadio de riesgo, el tratamiento tiene que moverse rápido.
Qué tratamientos se usan cuando la enfermedad progresa
MedlinePlus recuerda que el tratamiento precoz mejora las probabilidades de conservar una visión normal, y ese punto sigue siendo central. En la práctica, el oftalmólogo decide según el estadio, la zona afectada y si hay o no actividad intensa de la enfermedad, lo que muchos especialistas llaman enfermedad plus: vasos más dilatados y tortuosos, señal de que el proceso está activo y no conviene esperar.
| Opción | Cuándo se usa | Qué aporta | Limitaciones |
|---|---|---|---|
| Fotocoagulación láser | Cuando la ROP alcanza un nivel que requiere tratamiento | Frena el crecimiento anómalo de los vasos y sigue siendo una herramienta de referencia | Funciona mejor antes de que haya cicatriz o desprendimiento |
| Anti-VEGF intravítreo | En casos seleccionados, sobre todo si la localización o el patrón de la enfermedad lo aconsejan | Bloquea el factor de crecimiento vascular y puede ser útil en enfermedad posterior | Exige seguimiento prolongado y no elimina del todo la incertidumbre sobre recurrencias tardías |
| Cirugía | Si la retina ya se ha desprendido | Es la opción de rescate en fases avanzadas | El pronóstico visual ya es más limitado que en fases tempranas |
Si tuviera que resumirlo de forma directa, diría esto: el láser sigue siendo una base muy sólida, los anti-VEGF se reservan para situaciones concretas y la cirugía aparece cuando el daño ya es estructural. Lo importante no es solo elegir la técnica, sino hacerlo a tiempo; en algunos casos, el tratamiento debe iniciarse en las primeras 72 horas tras el examen diagnóstico. Aun así, la historia no termina con el procedimiento.
Qué seguimiento visual necesita después
Una retina que dejó de empeorar no significa una infancia visual sin vigilancia. Los niños con antecedente de ROP tienen más probabilidad de desarrollar miopía alta, astigmatismo, estrabismo, ambliopía e incluso, más adelante, problemas de retina. Yo no me fío nunca de la frase “ya está bien” si no viene acompañada de un plan de seguimiento claro.
En los niños que tuvieron enfermedad más severa o necesitaron tratamiento, el seguimiento oftalmológico especializado puede alargarse hasta la adolescencia. En los casos más leves, aun así, conviene revisar la visión antes de los 3 años y volver a valorar alineación ocular y errores de refracción en la etapa preescolar. La parte práctica es sencilla: si el ojo no fija bien, si aparece un desvío ocular o si el niño entrecierra mucho los ojos, no hay que esperar a la siguiente revisión rutinaria.
- Antes de los 3 años: conviene comprobar que el bebé ha pasado la revisión oftalmológica indicada por su riesgo neonatal.
- Entre los 4 y los 5 años: el cribado de ambliopía, estrabismo y defectos de refracción ayuda a no dejar pasar secuelas tratables.
- Si hubo tratamiento o enfermedad avanzada: el control suele ser más largo y más estrecho.
Yo suelo decir que la retina puede estabilizarse, pero la trayectoria visual del niño todavía está escribiéndose. Por eso el plan de seguimiento vale casi tanto como el tratamiento inicial. Y para que ese seguimiento no se pierda, lo más útil es salir del hospital con algunas cosas cerradas.
Lo que conviene dejar atado antes del alta
Si el bebé vuelve a casa, yo dejaría confirmados cuatro puntos muy concretos: la fecha del próximo fondo de ojo, el nombre del servicio que lo realizará, la persona de contacto si la cita cambia y el criterio exacto que usa el hospital para dar por terminado el cribado. Parece burocracia, pero en estos casos la burocracia bien hecha evita retrasos con impacto real.
También conviene que la familia se quede con una idea clara: que el ojo se vea “normal” por fuera no significa que la retina ya esté fuera de riesgo. Si aparece pupila blanca, desviación ocular, movimientos oculares raros, mala fijación o una preocupación persistente por parte de los padres, yo pediría valoración sin esperar. En la ROP, el tiempo cuenta más que la impresión visual del momento.
Si tuviera que elegir una sola regla para resumir todo lo anterior, sería esta: no perder ningún control, incluso cuando el bebé parece ir bien. Esa constancia es la que convierte un problema potencialmente serio en una complicación vigilada, tratable y mucho más controlable.